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Guía técnica

Metodologías de testeo: qué mide cada matriz

Aliento, saliva, orina y cabello. Ventanas de detección, tamizaje contra confirmatorio y cadena de custodia.

La idea que ordena todo lo demás

Un resultado positivo en un test de tamizaje no es un resultado. Es una hipótesis. Esa sola distinción evitaría la mayoría de los conflictos laborales que nos toca revisar.

La matriz define la pregunta que estás haciendo

Elegir la matriz no es una decisión logística ni de precio. Cada una responde una pregunta distinta, y usar la equivocada produce datos que no sirven para decidir.

Aire espirado (alcotest)

Mide concentración de alcohol en sangre en tiempo real. Es la única matriz que se correlaciona bien con deterioro actual del desempeño, que es lo que realmente importa en seguridad operacional.

Exige equipo con certificación y calibración vigente y documentada. Sin registro de calibración, el dato no es defendible ante nadie.

Saliva o fluido oral

Ventana de detección corta, de horas hasta uno o dos días. Responde «¿consumió recientemente?», que suele ser la pregunta correcta en faena.

Sus ventajas: la toma de muestra es observable, poco invasiva y difícil de adulterar. Su debilidad: menor sensibilidad que la orina para algunas sustancias, y una dependencia fuerte de la calidad del dispositivo.

Orina

Ventana de días a semanas según sustancia y patrón de uso. Detecta metabolitos, no la sustancia activa.

Traducción práctica: un positivo puede reflejar un consumo del fin de semana anterior, sin ninguna relación con el estado del trabajador el lunes en la mañana. Es la matriz que más conflictos evitables genera, porque se usa para responder una pregunta que no puede responder.

Cabello

Ventana de meses. Sirve para establecer un patrón de consumo, no la aptitud para un turno. En control laboral rutinario casi nunca es la herramienta adecuada.

Los cuatro puntos donde se caen los procesos

1. Tamizaje no es confirmatorio

El dispositivo que se usa en faena es un tamizaje inmunocromatográfico: rápido, barato y con falsos positivos conocidos. Varios antiinflamatorios, descongestionantes y antidepresivos los producen.

Ninguna consecuencia laboral debería derivarse de un tamizaje. La confirmación se hace en laboratorio por cromatografía acoplada a espectrometría de masas, GC/MS o LC-MS/MS. Si tu política no contempla y no financia el confirmatorio, tu política no es aplicable.

2. El punto de corte es una decisión, no un dato

Bajarlo aumenta la detección y también los falsos positivos. Es una decisión de gestión del riesgo, y debe estar declarada por escrito en el protocolo. Elegirlo sin declararlo deja el proceso sin defensa.

3. La cadena de custodia es el proceso, no un formulario

Identificación del trabajador, sellado de la muestra en su presencia, firma, registro de integridad, trazabilidad hasta el laboratorio y custodia de la contramuestra. Cualquier eslabón sin registro invalida el resultado completo, por correcto que sea el análisis.

4. Falta la declaración previa de medicamentos

Un mecanismo de declaración previa —confidencial, gestionado por salud ocupacional y no por la jefatura directa— resuelve de antemano la mayor parte de los positivos explicables por tratamiento médico. Su ausencia convierte cada uno de esos casos en un conflicto.

La pregunta que casi nadie se hace

¿Qué mide realmente tu programa?

Si la respuesta es «presencia de sustancia», estás midiendo consumo. Si lo que necesitas administrar es riesgo operacional, lo que te interesa es deterioro del desempeño, y eso exige un diseño distinto: matriz de ventana corta, criterios de aptitud definidos por puesto, y observación estructurada de conducta como gatillo del control.

Son dos programas diferentes. Confundirlos es el error técnico más caro de esta materia.

Revisar tu protocolo de control